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Producción de maní: Importancia de un buen manejo para la conservación de suelo

Como sabemos en Córdoba el maní tiene una importante participación en la producción estival. Su cosecha afecta la erodabilidad del suelo ya que produce agregados de menor tamaño y menos resistentes a ser destruidos por agentes externos. En suelos del sur de Córdoba esto ha producido encostramiento y sellado del suelo, que se manifiesta en impedancias mecánicas con fallas de germinación y riesgos de erosión hídrica por pérdida de la infiltración (Cisneros et al, 2006). Estos procesos se suman a la pérdida de suelo por erosión eólica que se produce por la predominancia de los suelos arenosos, la alta frecuencia de fuertes vientos y la gran variabilidad de las precipitaciones. El riesgo a la misma se incrementa debido a la ausencia de un cultivo invernal, el cual asegura cobertura durante la primavera, época en la cual los vientos son más intensos (Mendez & Buschiazzo, 2015). Por lo tanto, son necesarias tener en cuenta ciertas practicas que ayuden a la conservación del suelo.




La rotación es una de ellas, es una práctica esencial en el mantenimiento de la productividad de los suelos maniseros y para el control de enfermedades. Las mejores respuestas se encuentran con una secuencia de cultivo que incluya maní en una proporción menor a 1:3 en la rotación, y gramíneas con frecuencia bienal. Una buena rotación mejora tanto el rendimiento como la calidad, reduciendo enfermedades, material extraño y residuos químicos. Las rotaciones de tres o más años generalmente reducen la severidad de las enfermedades del maní y favorecen el control de malezas, por lo tanto, permiten una producción más eficiente, disminuyendo las aplicaciones de pesticidas (Bongiovanni, Troilo & Pedelini, 2017). La recomendación de sembrar maní cada cuatro años en el mismo lote está respaldada por los resultados promedios de tres años de ensayos de rotaciones realizados por el INTA, los que demuestran que el rendimiento de maní es un 25% superior después de una rotación sorgo-maíz, un 40% superior después de una rotación con una pradera de alfalfa, y un 56% mayor después de una rotación con pastura de gramíneas (Pedelini, 1998). La fertilización en los cultivos de la rotación también disminuye la necesidad de fertilización directa en el maní, por lo tanto, ayudaría a disminuir el costo de insumos.


Cuadro 1. Efecto del monocultivo y las rotaciones sobre los rendimientos de maní en INTA Manfredi.


En cuanto a cultivos de cobertura tienen dos principales funciones en la producción manisera, una de ellas es el control de malezas en etapa invernal y la segunda es la reducción de procesos erosivos sobre todo en aquellas zonas con suelos arenosos, ya que, al tener bajo contenido de materia orgánica, altas temperaturas y fuertes vientos, los suelos quedan muy expuestos. En el sur de Córdoba se han realizado ensayos por el INTA y la Fundación Maní Argentino que demuestran que pesar de la alta fracción erosionable que compone a este suelo, el cultivo de cobertura reduce significativamente la pérdida de este recurso, siendo una alternativa eficaz de control de la erosión eólica en estos ambientes frágiles.


Otro aspecto importante es una adecuada elección de lotes. Debe evitarse la siembra en suelos susceptibles a erosión hídrica o eólica. Principalmente con fuertes pendientes y suelos con poca estructura. También se debe tener en cuenta el cultivo antecesor, los lotes no deben provenir de cultivos de maní o soja, por la escasa cobertura residual que deja y por el agotamiento de nutrientes del suelo. Esto genera pérdidas o disminución de la producción campañas posteriores.


En cuanto a los sistemas de labranza la implementación de laboreos reducidos no provoca mermas significativas en la producción y favorecen al control de erosión hídrica y eólica. La cubierta vegetal de residuos mejora algunas características del suelo como la infiltración y la resistencia a la penetración de raíces del cultivo, especialmente evidente en condiciones de bajo contenido de agua en el suelo.


También se pueden incorporar otras prácticas de conservación de suelo donde se integran técnicas de sistematización de tierras y cultivos en franjas. En estos sistemas mas completos, el riesgo de erosión disminuye marcadamente, garantizando un sistema de producción sostenible en el tiempo.


Claramente es indispensable combinar diferentes practicas tanto estructurales como de manejo que permitan mejores resultados no solo ambientales sino también económicos.




Ing. Agr. Micaela Fernandez Bedini.


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